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Relatos de Parto

Así vino al mundo mi Eloy

A las 4:30 de de mañana del 05 de Noviembre, sentí mis primeras contracciones. Eran pequeñitas, pero distintas a las que había sentido en los días anteriores, no sabría cómo explicarlo pero Eloy estaba distinto y yo me sentía despierta, pero muy tranquila.

Cuando ya se repitieron varias veces, decidí empezar a anotar la frecuencia...muy calladita busqué en el velador un papel y solamente encontré una boleta amarilla y un lápiz, así, sin despertar a Eduardo (para no ilusionarlo en vano como nos había pasado ya en los días anteriores) fui anotando cada contracción. Primero eran cada 15 minutos, después cada 10 y como a las 6:40 de la mañana Eduardo escuchó mientras yo anotaba y entendió qué estaba pasando.

Le entregué la boleta y me dijo: ahora sí? Y yo le dije: “parece que sí”...Nos quedamos despiertos sintiendo juntos las contracciones que se vinieron y a las 7 o un poco después llamamos a Emilia, nuestra matrona, y ella me indicó que me metiera a la tina, que tomara agüita de orégano y que tomara desayuno tranquilamente, nos encontraríamos en la clínica a las 12 para monitorear. En la tina me sentí bien, Eloy se movía despacito entre contracción y contracción y la presión en mi bajo vientre era cada vez más fuerte...En ese rato yo pensaba en mis temores y extrañamente no estaban ahí...me sentía fuerte, tranquila, y sentía que Eloy también estaría muy bien ese día...

Le avisamos a nuestras familias en ese rato, y a partir de ese momento fue como si todo el amor de ellos me llegara a través del aire y me llenara más de fuerza a cada minuto...

Tomamos desayuno tranquilamente conversado acerca de cómo sería Eloy, me acuerdo que entre sorbo y sorbo de té le recordaba a Eduardo las cosas importantes, la música, los masajes, los besos, sus caricias. También conversamos de la silla de parto, sabíamos que estaba en la clínica y él se haría cargo de pedir que la trajeran.

Salimos con bolso y todo de la casa como a las 11:30 ya con contracciones más dolorosas, pero más alejadas. Cuando llegamos a la clínica debo reconocer que ya no me aguantaba gemir con cada contracción, Eduardo se especializó en masajearme fuertemente la palma de los pies para bajar la sensación de dolor y...¡funcionaba muy bien! En la camilla de la sala de monitoreos las otras matronas miraban extrañadas, parece que no era normal ver a una embarazada transitando por el dolor de parto, “es que ya no se ve pues” me dijo. “Y ¿por qué está haciendo esto?” me dijo otra, no recuerdo que les contesté. Cuando llegó Emilia, sentí un gran alivio, recuerdo esa sensación y recuerdo que el monitor piteaba pero no sé qué nos dijo en ese rato. Luego nos fuimos a una salita de exámenes y Emilia me revisó y dijo que estaba con 3 de dilatación. Uff!!! Faltaba muchísimo aún!!!

Quedamos de vernos a las 15 en la clínica para el ingreso, yo confiaba ciegamente en Emilia, ella me aseguró que Eloy no llegaría antes. Nos fuimos a la casa y a modo de anécdota cuento que nos metimos en cuanto taco había, en ese rato yo gritaba en cada contracción, ya eran muy fuertes y seguidas y el calor del auto con los tacos lo hacían un poco más difícil...

Por fin llegamos a la casa, me acuerdo que comimos alcachofa con limón, y volvimos a agarrar los bolsos y salimos a la clínica y como Murphy no falla por primera vez nos agarramos un taco en la costanera norte...fueron 25 minutos en el túnel, mucho calor, mucho Co2 y dolor…

Por fin llegamos a la clínica, no me acuerdo bien de esos minutos, pero llegamos a la SAIP casi junto con Emilia, ahí me cambié de ropa y empezamos a trabajar. Eloy estaba bien, sus latidos impecables y las contracciones se sucedían cada vez más fuerte y...yo me sentía cansada, pero aun así cada vez más poderosa. No necesité nada, mi cuerpo se preparó maravillosamente para el minuto del parto, y se deshizo de todo lo que no le servía...En algún minuto llegó el Lalo, mi Doc...me preguntó cómo estaba y debo haberle dicho bien. Sólo quería ver a Eloy en mis brazos.

Entre medio entraba y salía el anestesista, y nos amenazaba diciendo que no íbamos a poder, que finalmente terminaría pidiendo anestesia y cesárea. Yo trataba de no "pescarlo", pero a ratos me daba un poco de miedo...después de muchas horas, tal vez a las 6:30 Eloy no quería bajar, estaba por la derecha que es el lado más estrecho de la pelvis. Yo trabajaba duro y Eduardo me ayudaba, yo agachada en cuclillas presionaba mientras él se cargaba en mi pelvis desde atrás, ayudando a abrir el paso. Era doloroso, pero era un trabajo de equipo...así lo sentí. Emilia era nuestra entrenadora.

Después de un rato mi querida Emilia me dijo que sería necesario hacer una maniobra y me sugirió considerar una pequeña analgesia, ya que ese procedimiento sería muy doloroso y necesitaba fuerzas para la última fase del parto. Entonces, el anestesista se salió con la suya y me colocó la analgesia que permitió que Emilia girara desde la cabeza a Eloy, para que pudiera terminar de bajar. No logro dimensionar cuanto me habría dolido sin esa analgesia, ya que aún con ella el dolor fue inmenso, tanto que mi llanto fue acompañado por el de Eduardo que no pudo contenerse al ver mi cara de dolor, supongo.

Una vez que Emilia terminó de girar a Eloy y casi en forma automática sentí todo el mundo haciendo presión en mi piso pélvico y un miedo mezclado con sensación de vacío que Emilia interpretó como “ahí viene”. En esos minutos sentí que no podría, estaba muy asustada, pero Emilia me contuvo, me dio fuerzas, me recordó a todas las mujeres del mundo que estaban conmigo y que habían parido antes que yo...

Finalmente, sonaba una canción de Snatam Kaur, Jap Man Sat Nam creo que era, o eso sonaba en mi cabeza...y ahí, en mi silla de parto, en los brazos de mi amado esposo, vi en un espejo como coronaba mi maravilloso Eloy. Y esa imagen me dio la fuerza para el último pujo que lo trajo al mundo. Y lo recibimos en nuestros brazos...era tan hermoso, era tan perfecto y me miraba como si yo fuera su mundo...él era mi mundo también. Me hubiese quedado ahí horas sintiendo su calorcito y dándole el mío...Eloy había llegado, mi elegido, mi nuevo proyecto de amor, mi pequeño mundo por descubrir...Y yo lo había traído, yo también ahora era distinta, como una mariposa que sale del capullo...esa era mi yo nueva.

Éramos una familia nueva, éramos tres, tres nuevos seres en el mundo.

Camila, Creadora y primera usuaria de HUM

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